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  • 5 de diciembre 2013

    La Navidad es la fiesta polaca familiar más importante. Su punto culminante o más bien su apertura, es la cena de nochebuena (el 24 de diciembre). En esta tarde se reúne toda la familia y se invita a los amigos que viven solos, para que nadie se encuentre desamparado y triste...

    La Navidad es la fiesta polaca familiar más importante. Su punto culminante o más bien su apertura, es la cena de nochebuena (el 24 de diciembre). En esta tarde se reúne toda la familia y se invita a los amigos que viven solos, para que nadie se encuentre desamparado y triste. Además, se sirve en la mesa un puesto adicional para un peregrino. Ya que quienquiera que llegue a una casa polaca en la vigilia de Navidad y ocupe ese lugar, será recibido como un hermano.

     

     

    Es un día excepcional, pues como sea la nochebuena, así será todo el año entrante. Este día no era posible enfermarse o lastimarse. Se daba mal augurio a las visitas de las vecinas en la mañana, por eso en algunas regiones, hombres adultos y chicos mayores, cantantes ambulantes de villancicos, iban por las casas dando los buenos deseos. A cambio recibían unos panecillos especiales horneados llamados szczodraki – nombre que hace alusión a la generosidad. Sin embargo, la aparición de mujeres en las puertas, frecuentemente se interpretaba de forma favorable, como un presagio de que en la granja nacerían terneritas y gallinitas y no toritos y gallitos. Estaba prohibido coser, tejer, devanar e hilar, sin embargo las amas de casa, para asegurarse de que las provisiones no faltaran, no podían sentarse a descansar, sino que trabajaban todo el día. Lo que no era difícil. La preparación de la cena de nochebuena era un gran desafío. Pero sobre todo, se advertía que en la nochebuena no se podía ni pelear, ni llorar, sino demostrarse afecto mutuo. Aunque recuerdo a mi padre que repetía: W Wigilijum dzieci bijum – En Nochebuena castigo a los niños. Se relacionaba esto con la decoración del árbol de navidad, lo que era una obligación del anfitrión, del hombre de la casa. Por supuesto los niños querían ayudar a su padre y como resultado terminaban quebrando las bolas de navidad, que en aquel tiempo eran de un vidrio delgado y quebradizo. Después de un rato el papá perdía la paciencia. Decorar el árbol de navidad antes del día de la nochebuena, como mantenerlo más allá del día de reyes, podía dar origen a dificultades para la familia, por eso observo con cierta preocupación a través de las ventanas, como ya en noviembre alumbran las luces en los árboles de navidad. Pero los tiempos cambian, en antaño eran abetos y pinos de verdad, traídos del bosque, algunos llegaban hasta el techo y después de dos semanas de estar al calor de las casas, empezaban a desmoronarse. Hoy estas criaturas artificiales, ecológicas y bien hechas pueden estar en pie todo el año. La tradición de los árboles llegó a Polonia desde Alemania a fines del siglo dieciocho. La decoración tenía su significado. Las manzanas simbolizaban salud y belleza, las nueces envueltas en oro debían mantener la fuerza vital, los alajúes de miel – la abundancia, las cadenas fortalecían los lazos familiares, las bolas de navidad estaban para resguardar las casas de los demonios, las campanas simbolizaban las buenas nuevas y los felices acontecimientos, la estrella en la punta del árbol ayudaba a las ánimas del purgatorio a encontrar el camino para poder calentarse en las llamas de las velas. La iglesia católica no veía inicialmente con buenos ojos esta costumbre pagana o luterana, pero pronto le dio al árbol un simbolismo cristiano, el árbol bíblico del conocimiento del bien y del mal, del que partió la historia de la humanidad. Precisamente en el santoral, el día de la nochebuena corresponde a Adán y Eva. Las manzanas pues, recuerdan la tentación de Adán y las series de papel las cadenas del pecado. Las luces del árbol significaban la conversión de los paganos y el árbol vivo y verde representaba a Cristo - fuente de toda vida.

     

    (Autor del texto: Paweł Nowicki) 

     

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